miércoles, 4 de abril de 2012

Así se construye una bruja

Breve historia acerca del paganismo
y los intentos por erradicarlo





Cuando se trata de rastrear la historia de la palabra “bruja”, la primera sorpresa que uno se lleva es descubrir que no se usa desde tiempos inmemoriales, sino que sus registros más antiguos datan del siglo XII. En cambio, sí hay registros tan viejos como la humanidad acerca de la existencia -real o mítica- de hombres y mujeres con poder de dominio sobre los procesos naturales, e incluso sobre la voluntad de otros.

En su mayoría, los casos "reales" aludían a hombres y mujeres apegados a los cultos a la naturaleza, que concebían al mundo como conformado por dos mitades: masculina y femenina. Creían que sus dioses y diosas actuaban para mantener un equilibrio de poder: cuando lo masculino y lo femenino estaban equilibrados, había armonía en el mundo; cuando no, reinaba el caos. Estas creencias se basaban en el orden divino de la naturaleza, y en el poder femenino y sus vínculos con la Naturaleza y la Madre Tierra.

Es justamente por esto que uno de sus símbolos religiosos más importantes –y seguramente el más conocido- es el Pentáculo, que representa a la mitad femenina de todas las cosas; un concepto religioso que los historiadores de la religión denominan “divinidad femenina” o “Venus divina”.
En su interpretación más estricta, el Pentáculo representa a Venus, la diosa del amor sexual femenino y de la belleza.
¿De dónde surge este símbolo? El planeta Venus trazaba un pentáculo perfecto en la Eclíptica[1] cada ocho años. Tan impresionados quedaron los antiguos al descubrir este fenómeno, que Venus y su pentáculo se convirtieron en símbolo de perfección, belleza y de las propiedades cíclicas del amor sexual.
Tal fue esta impresión que, como tributo a la magia de Venus, los griegos tomaron como medida su ciclo de cuatro años para determinar las Olimpíadas, medida que se sigue considerando para organizar los Juegos Olímpicos.

En el Imperio Romano, la expresión más común para referirse a ellos era pagano, palabra que tiene su origen en el vocablo latín paganus, que significa “habitante del campo”. Durante el período en que los cultos urbanos del Imperio Romano estaban siendo convertidos a una nueva religión, el Cristianismo, estos paganos estaban alejados de las prácticas urbanas, por lo que no fueron adoctrinados en las nuevas creencias. Así, permanecieron fieles a sus antiguos cultos, que quedaron restringidos a las zonas rurales.

La coexistencia de los cultos de la naturaleza con los nuevos cultos urbanos, en el seno del mismo Imperio, fue dando lugar a conflictos, y se constituyó en situación propicia para que las nuevas creencias se apropiaran de los símbolos existentes y los fueran degradando con el tiempo, en un intento de borrar su significado. Sin embargo, han quedado testimonios de esta coexistencia, como nos muestra este pentáculo en la Catedral de Lisboa.

Como parte de la estrategia para erradicar a las religiones paganas y convertir a las masas al cristianismo, en la primera Iglesia Católica romana se comenzó a utilizar el término “pagano” en un sentido peyorativo, se denigró a sus dioses y diosas, y se asociaron sus símbolos al mal, alterándose el significado del Pentáculo.

Con el tiempo, los cristianos fueron creciendo en cantidad –y en poder político- con lo que “ser pagano” pasó a ser considerado “ser un hombre sin religión o sin Dios”, en tanto no se habían asimilado a la que consideraban como la única religión válida.
Y la desconfianza creciente para con los que vivían en las villas rurales era tanta que hasta se cambió de sentido el antiguo término para describir a los campesinos. Así, ser villano –de aludir al habitante de las villas- pasó a ser sinónimo de malvado.

Sin embargo, el paganismo sobrevivió a estos primeros tiempos, y con su supervivencia se recrudecieron las estrategias para su erradicación. A principios del siglo XIV, en épocas en que se extendieron las prácticas de la Inquisición en general, y de las que se conocieron como “caza de brujas” en particular, muchas mujeres y hombres fueron perseguidos por su adhesión a estos cultos de la naturaleza. Durante cuatrocientos años (sí, ¡400!) cerca de nueve millones de hombres, mujeres y niños murieron en la horca o en la pira. El Malleus Maleficarum fue, justamente, una guía para torturar a los acusados de brujería, obligándolos a confesar cualquier cosa de la que estuvieran acusados: estar en el lugar incorrecto o en el momento indebido; ser particularmente bello o feo; loco o retardado, o incluso excepcionalmente inteligente; la práctica sexual femenina fuera del matrimonio; haberse vuelto próspero en poco tiempo; ser propietario de tierras codiciadas por el poder político o religioso…





Como resultado de este proceso, el conocimiento pagano fue disipado, y pasó a significar cualquier palabra o símbolo mágico usado en encantamientos o como parte de tratos satánicos. Ejemplo de esto es lo sucedido con el Pentáculo, que con el tiempo pasó a ser graficado de modo invertido y asociado a la representación del Diablo.





A pesar de esto, el paganismo logró sobrevivir una vez más, manteniendo su reverencia a la Tierra y a todas sus criaturas, considerando a los seres y fenómenos de la naturaleza como interconectados, y viendo en sus ciclos una manifestación del orden divino.

Hoy se ha vuelto particularmente complejo definir al paganismo. Sus creencias, saberes y valores han impregnado –predominando unos sobre otros según sea el caso- a diferentes sistemas de ideas, entre los que podríamos incluir desde algunas prácticas religiosas –como el wiccanismo- hasta al movimiento ecologista o la New Age.
Como sistema de creencias, el paganismo suele ser politeísta aunque no exclusivamente. Muchos paganos ven a todas las cosas como parte de un Gran Misterio, considerando que en todas ellas reside la energía divina. Por eso, tratar de rotular al paganismo como monoteísta o politeísta nos lleva a una aparente contradicción si intentamos responderlo desde una lógica simplista, contradicción que se supera con un pensamiento complejo, que considera a los conceptos de Dios, Diosa, Dioses y Diosas como máscaras del Gran Misterio.

Esta misma lógica compleja es la que nos permite superar una segunda contradicción: la de creencia y ciencia. Las epistemologías dominantes hasta principios del siglo XX coinciden en una visión mecánica de la realidad, y, por lo tanto, en la creencia respecto de que la misma puede ser conocida en tanto se descubran los patrones que subyacen a este mecanicismo, y se los traduzca en leyes y principios.
Durante el siglo XX, la incorporación a la ciencia de las nociones de caos, incertidumbre, relatividad y complejidad, abrió la puerta para la ruptura con esta pretensión de una realidad mecánica y, por lo tanto, de un conocimiento cierto, claro y simple sobre ella.
Así, se legitimó como conocimiento a aquellos saberes sobre el hombre, la naturaleza y sus vínculos, que se habían conservado ocultos durante siglos, transmitidos de boca en boca –mayoritariamente entre mujeres- y por lo general dentro de la familia o de los muy allegados. Se trata de un conjunto de saberes sobre todo relacionados con la sanación a partir de ciertos rituales o el uso de hierbas u otras sustancias naturales, en los que la palabra y la imposición de manos ocupan un lugar privilegiado.



Exactamente del mismo modo en que se realizan estos rituales en las mismas religiones que han intentado erradicarlos y de ellos los tomaron.



[1] La Eclíptica es la línea curva por donde transcurre el Sol alrededor de la Tierra, en su movimiento aparente. Está formada por la intersección del plano de la órbita terrestre con la esfera celeste, es decir, la línea recorrida por el Sol a lo largo de un año respecto del fondo inmóvil de las estrellas.



Si tenés curiosidad por saber más sobre el tema, te invito a visitar el blog La caldera de la bruja.

viernes, 30 de marzo de 2012

Cosas que me pregunto

o
 
Ambigüedades ontológicas acerca de los niños por nacer
 
 
 
 
Esta nota la escribí y publiqué por primera vez el 28 de enero de 2010, en ocasión del accidente provocado por Rodrigo Barrios. Esta semana, coincidentemente, se está esperando su sentencia mientras se debate nuevamente acerca del aborto.
 
 
 
Esta semana ocurrió un hecho por demás desgraciado. El boxeador Rodrigo "la hiena" Barrios, en una aparente loca carrera, chocó a un automóvil que estaba parado frente a un semáforo en rojo, e inició una carambola que culminó con la muerte de una joven embarazada.


Es extraño... pero ser una joven embarazada le imprimió un dramatismo especial a la noticia. Como si la vida de la joven se viera especialmente enriquecida por el embarazo. Pero parece que en realidad no, ya que ante la pregunta de diferentes periodistas en distintos medios, varios abogados coincidieron en que la pena no se vería agravada por tal hecho, ya que "un niño por nacer no puede ser muerto". Por lo tanto, se trató -legalmente- de un único homicidio culposo.




Extraño... me siento confundida desde la primera vez que oí la opinión. Y confieso que primero pensé que se trataría de la posición personal de un abogado, y no de una cuestión de doctrina: ¿cómo es posible que, el mismo "niño por nacer", no pueda ser "matado" en un caso como este pero, si la mujer hubiese decidido interrumpir su embarazo, el aborto sí sería punible para ella y para quienes hubieran participado?. Pero parece que es así, nomás... al menos eso dijeron todos los abogados a los que escuché opinar sobre el tema.




Y yo me pregunto: ¿será que hay diferentes definiciones legales sobre "niño por nacer"?


¿Será que un niño por nacer no tiene vida de hecho -sino apenas como posibilidad- y por lo tanto no puede ser "matado", ya que no se le puede quitar a alguien lo que no tiene?


¿Será que no se puede alegar por su derecho a la vida, porque el derecho comienza cuando la vida se hace efectiva, esto es, a partir del nacimiento? ¿Será que ese es el momento en que, como persona con vida independiente, se hace acreedor de sus derechos?




Entonces, si esto es así, ¿será que el aborto, en todo caso, se trata de otro tipo de delito, que no tiene que ver con quitar una vida donde todavía no la hay con autonomía?


¿Qué es, entonces, lo que se pena cuando se pena un aborto? ¿Se pena a una mujer, cuya sexualidad se ha hecho evidente con el embarazo, y sólo asumiéndose como madre puede legitimarla?


¿Será por eso que estamos más inclinados a aceptar la interrupción de un embarazo cuando es fruto de una violación, sobre todo si se trata de una menor o una discapacitada mental? ¿Porque se trata del embarazo de una mujer que no ha sido sujeto de su génito-sexualidad, sino objeto de la genitalidad de otro, y se acepta que se pueda borrar esa marca?


¿Borrarla como qué? ¿Como que acá nada ocurrió? ¿Silenciar lo que ha acontecido en su cuerpo? ¿O silenciar lo que el hombre es capaz de hacer en el cuerpo de la mujer, porque es tan difícil de asumir la violencia genital y sexual masculina sobre el cuerpo femenino, como la genitalidad femenina?


¿Por eso, si una mujer casada denuncia que su embarazo es fruto de una violación perpretada por su marido, se volverá a su casa doblemente humillada?




Si esta joven no hubiese estado embarazada, ¿igual seguiríamos hablando de ella? ¿O sólo nos condoleríamos de la mala suerte del campeón caído?


Y si esta joven hubiese sobrevivido, y no así su embarazo. ¿Qué diríamos? ¿Que perdió a su niño? ¿Dónde lo perdió? ¿Cómo es que "se pierde a un niño"? Suena a descuido. O, en el mejor de los casos, a fatalidad.


¿Y cuál habría sido la carátula de la causa? ¿Lesiones? Y si la vida de la mujer no hubiese estado nunca en peligro, apenas si hubiese perdido su embarazo, ¿podría alegarse que se trató de lesiones graves?




En fin... parece que un niño por nacer no es un niño. Salvo que la mujer que lo lleva en su vientre decida, ella misma, dejar de portarlo. Y entonces sí, toda la fuerza de la ley sobre ella. Y sobre sus cómplices.

Mis preceptos femeninos

jueves, 14 de octubre de 2010

martes, 28 de septiembre de 2010

Nadie se atrevió aún a escribir una historia de esposas


Por Umberto Eco


Recientemente descubrí en Internet una enciclopedia de mujeres , muchas de las cuales han sido olvidadas injustamente por la mayoría de los historiadores.

Hay una excepción: en su libro de 1690, Historia de mujeres filósofas , el académico francés Gilles Menage escribió acerca de Diotima la Socrática, Arete la Cirenaica, Nicarete la Megariana, Hiparquia la Cínica, Teodora la Peripatética, Leontia la Epicúrea y Temistóclea la Pitagoraniana, acerca de quienes conocemos muy poco. Y lo correcto es que muchas de estas mujeres deban ser rescatadas del olvido .

No obstante, lo que realmente falta es una enciclopedia de esposas.

Frecuentemente se dice que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, desde el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora (la ex actriz) hasta Barack y Michelle Obama. Es curioso que nunca se diga lo opuesto: no hablamos acerca del “hombre detrás” de la gran Isabel I de Inglaterra, por ejemplo.

Pocas veces, si es que alguna, las esposas reciben la atención que merecen.

En las historias de la antigüedad clásica y posteriormente, se dedica más espacio a las amantes que a las esposas.

Clara Schumann y Alma Mahler, que estuvieron casadas con los compositores Robert Schumann y Gustav Mahler, son excepciones, pero estas mujeres causaron gran revuelo por sus amoríos extra y posmaritales. Básicamente, la única mujer que siempre es mencionada simplemente por ser una esposa es Xantipa, casada con Sócrates -y aun en ese caso, sólo para decir cosas horribles sobre el carácter de ella.

Leí recientemente un texto de Pitigrilli, escritor italiano del siglo XX, quien atiborraba sus relatos con citas eruditas -aunque frecuentemente equivocaba los nombres- y con anécdotas que encontraba quién sabe dónde. En determinado punto, Pitigrilli invoca la severa advertencia de San Pablo -”Preferible es casarse que arder con gran deseo”- un buen consejo, por ejemplo, que podrían seguir los curas católicos romanos.

Pitigrilli observa también que la mayoría de los grandes (incluyendo a Platón, Lucrecio, Virgilio y Horacio) eran solteros.

Pero eso no es completamente cierto. Puede ser verdad con Platón, quien, según Diógenes Laertius, escribía epigramas para hombres jóvenes muy apuestos.

Por su parte, Platón aceptó como alumnas a dos mujeres, Lastenia y Axiotea, y se asegura que comentaba que un hombre virtuoso debería casarse.

Quizá era cauteloso por el infeliz matrimonio de Sócrates con Xantipa.

El poeta Horacio no tuvo esposas ni hijos, pero a juzgar por sus escritos, sospecho que se permitió algunas aventuras románticas. En cuanto a su par Virgilio, parece haber sido demasiado tímido para declararse a una mujer, aunque se rumorea que tuvo una relación con la esposa de Varius Rufus. Ovidio, en contraste, se casó tres veces.

Siglos después, Dante soñó acerca de Beatriz pero se casó con Gemma Donati -aunque nunca mencionó a esta última en sus escritos . Todos piensan que Descartes era soltero, ya que murió muy joven después de una vida sumamente pintoresca. Pero sí tuvo una compañera durante algunos años -una doncella llamada Helena Jans van der Strom, a la que conoció en Holanda.

Oficialmente sólo reconocía a Helena como sirvienta.

Pero contrario a ciertos rumores difamatorios, él reconoció a la hija que ella le dio, Francine, quien murió a los cinco años de edad. Según algunas fuentes, Descartes también tuvo otros amoríos.

En pocas palabras, aparte de los religiosos, que supuestamente eran célibes, y hombres más o menos abiertamente homosexuales como Cyrano de Bergerac y Ludwig Josef Johann Wittgenstein, Immanuel Kant es sólo uno de los grandes pensadores de la historia de quien estamos verdaderamente seguros de que era soltero - los registros históricos son muy claros al respecto.

Sorprendentemente, incluso Georg Wilhelm Friedrich Hegel estaba casado; de hecho, parece haber sido mujeriego, con un hijo ilegitimo. Karl Marx, por su parte, estaba profundamente apegado a su esposa, Jenny von Westphalen.

Más allá de tanto dato, ¿qué influencia tuvieron Gemma sobre Dante o Helena sobre Descartes, para no mencionar el enorme número de esposas sobre las cuales la historia dice aún menos ? ¿Y si todas las obras de Aristóteles en realidad fueron escritas por su esposa Herpyllis? Nunca lo sabremos. La historia, escrita por esposos, ha condenado a las esposas al anonimato.


Copyright U. Eco/L’Espresso, 2010.

jueves, 24 de junio de 2010

NO ME ARREPIENTO DE NADA


de Gioconda Belli





Desde la mujer que soy,

a veces me da por contemplar

aquellas que pude haber sido;

las mujeres primorosas,

hacendosas, buenas esposas,

dechado de virtudes,

que deseara mi madre.

No sé por qué

la vida entera he pasado

rebelándome contra ellas.

Odio sus amenazas en mi cuerpo.

La culpa que sus vidas impecables,

por extraño maleficio,

me inspiran.

Reniego de sus buenos oficios;

de los llantos a escondidas del esposo,

del pudor de su desnudez

bajo la planchada y almidonada ropa interior.

Estas mujeres, sin embargo,

me miran desde el interior de los espejos,

levantan su dedo acusador

y, a veces, cedo a sus miradas de reproche

y quiero ganarme la aceptación universal,

ser la "niña buena", la "mujer decente"

la Gioconda irreprochable.

Sacarme diez en conducta

con el partido, el estado, las amistades,

mi familia, mis hijos y todos los demás seres

que abundantes pueblan este mundo nuestro.

En esta contradicción inevitable

entre lo que debió haber sido y lo que es,

he librado numerosas batallas mortales,

batallas a mordiscos de ellas contra mí

-ellas habitando en mí queriendo ser yo misma-

transgrediendo maternos mandamientos,

desgarro adolorida y a trompicones

a las mujeres internas

que, desde la infancia, me retuercen los ojos

porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños,

porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable,

que se enamora como alma en pena

de causas justas, hombres hermosos,

y palabras juguetonas.

Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,

e hice el amor sobre escritorios

-en horas de oficina-

y rompí lazos inviolables

y me atreví a gozar

el cuerpo sano y sinuoso

con que los genes de todos mis ancestros

me dotaron.

No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones.

No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf.

Pero en los pozos oscuros en que me hundo,

cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos,

siento las lágrimas pujando;

veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo,

blandiendo condenas contra mi felicidad.

Impertérritas niñas buenas me circundan

y danzan sus canciones infantiles contra mí

contra esta mujer

hecha y derecha,

plena.

Esta mujer de pechos en pecho

y caderas anchas

que, por mi madre y contra ella,

me gusta ser...